martes, 13 de noviembre de 2012

OPINIÓN: ¿Jugar bien o ganar?




Seguramente la discusión más antigua en el mundo del fútbol. El enfrentamiento permanente entre dos corrientes: ¿qué es preferible, jugar bien o ganar?

El objetivo de cualquier equipo es ganar. Quien diga lo contrario miente. Es frecuente escuchar imprecisiones cuando catalogamos el juego de un equipo o el sistema de su entrenador. La falta de criterio y la creencia de un “falso” conocimiento nos llevan a cometer errores cuando hablamos de las cualidades de un equipo, cuando discutimos su forma de jugar: ¿Juega al ataque o a defenderse?.

Hay muchas maneras de jugar bien y hacer buen fútbol. Casi cualquiera es válida si el objetivo es dominar al rival y hacer valer los mejor de tus futbolistas y de tu equipo.

La pregunta pone en juego una elección entre medios y fines, entre lo bueno (el medio, el buen juego) y lo útil (el ganar). Viene a plantear hasta qué punto son importantes los medios en relación al fin. Dando por supuesto que todos buscan el mismo fin (ganar), lo que proponemos es hasta qué punto se está dispuesto a negociar el estilo de juego con tal de alcanzar la victoria.

Ante el dilema entre ganar o jugar bien aparecen fundamentalmente dos respuestas. Una posición, comúnmente llamada “resultadista”, en la que no le interesa el medio (el cómo jugar) con tal de ganar, mientras que la otra, “estilista” unida al buen juego, dice que tanto el medio como el fin importan, y por lo tanto prefiere jugar bien tanto como ganar.

El fútbol es el único deporte en el que el equipo que juega peor que el rival puede ganar. Si se toma como muestra un partido, lo que ocurra en él es extraordinario (puede ganar el peor), mientras que en una liga (todos contra todos) es casi imposible que no gane el mejor.

Ante la pregunta a cualquier entrenador sobre si está dispuesto a sacrificar su estilo de juego con tal de obtener la victoria, cualquier técnico responderá que el equipo trabaja para jugar bien, pero ante todo para ganar.

Cada temporada son varios los entrenadores cesados en las diferentes categorías del fútbol estatal ante los malos resultados. En la mayoría de casos no se respetan los plazos lógicos que cualquier equipo necesita para madurar y asimilar los conceptos de un determinado entrenador. Esto hace que la mayoría de técnicos abandonen sus ideas por un buen resultado, sin saber si con sus planteamientos iniciales hubieran conseguido esos mismos resultados.

Me comentaba un compañero en el curso de entrenador Nacional de Fútbol, a la hora de analizar el número de materias y conocimientos que se impartían, con bastante ironía, que todo aquello estaba muy bien, pero que un entrenador de lo que debe conocer fundamentalmente es de fútbol. Este, queramos o no, es el sentir de la mayoría de los entrenadores-educadores en fútbol base, que suelen ver la metodología del entrenamiento, la psicología o la preparación física como elementos de poco interés y utilidad para el desarrollo de su actividad. Por supuesto que un entrenador de fútbol de lo que debe saber es fundamentalmente de fútbol, pero esto no tiene por que entrar en conflicto con su formación, que forma parte de ese fútbol del que hablamos. De todas formas, el papel del entrenador o educador de fútbol base ya está cambiando, y las escuelas deportivas y clubes se están preocupando por ello.

Entrenar para jugar bien al fútbol con el objetivo de ganar.
En fútbol base el entrenador-educador debe tener como objetivo trabajar mucho y bien. Trabajar mucho todos sabemos lo que es, pero trabajar bien entra en el campo de lo subjetivo, para algunos de la clasificación liguera. Los resultados de una temporada comienzan a prepararse al finalizar la anterior, y los errores de planificación son difíciles de corregir. Si planificamos mal, lo pagaremos muy caro y ese tiempo pasado no volverá.

Aunque el tiempo que le dedica el niño al fútbol todavía es muy limitado, tan solo hora y media por sesión, no más de tres veces a la semana, es una de las mejores experiencias que puede afrontar un entrenador-educador, ya que en estas categorías lo más gratificante es ver el avance del niño en su capacidad motriz, de coordinación, de integración, el ver como se desarrolla su disciplina y lo más importante: el enseñarles que son parte de un grupo en el cual son todos iguales.

Los campeonatos, las clasificaciones y todas esas “medallas” no son lo más importante en esta etapa. Lo más importante es el desarrollo de las habilidades físicas y mentales, el aprendizaje de los fundamentos básicos del fútbol, el respeto hacia los adversarios y árbitros, la integración en el trabajo de equipo, y el mantenerlos haciendo un trabajo que sea divertido sin presiones, todo esto puede hacer la diferencia de ganar o perder en un juego.

Lo que difícilmente puede tener discusión es que, con un estilo, el que quieras o el más adecuado a tu club o escuela de fútbol, si no juegas bien es casi imposible ganar. Se puede ganar un partido, dos o cuatro, pero jugar sin una idea, a medio plazo, tiene su castigo habitualmente. No se suelen perder partidos por jugar bien.

La mejor vía para ganar es jugar bien, y el entrenador de fútbol dispone de múltiples recursos para garantizar la victoria. A nadie le gusta perder, y menos jugando bien, aunque habrá días que no salgan bien las cosas. Hay partidos que no juegas bien y terminas ganando, eso habrá que corregirlo, pero lo que no me gustaría es jugar mal y ganar, no es la idea.

¿Ganar o jugar bien? Queremos ganar pero, por encima de eso, queremos que aprendan y se diviertan, que es mucho más importante.

*Un artículo de Pedro Meseguer Díez (Entrenador Nacional de Fútbol) en LaSoledadDelEntrenador.com 

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